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lunes, 15 de febrero de 2021

LA LIBRERÍA

LA LIBRERIA

El muchacho lo vio en el escaparate un atardecer rosado en el que el aire pesaba agobiante bajo un cielo opresivo y confuso. No había más libros. Entró. El cencerro sobre el dintel repicó alegre avisando mas nadie apareció. Se acercó al mostrador. Sobre la madera recién barnizada, un timbre, un vaso, y una jarra. Sirvase usted mismo. Bebió y llamó al timbre. Nadie. Pasó los dedos por los anaqueles vacíos en busca de una mota de polvo inexistente.   —Quisiera comprar el libro—, voceó al aire. El eco repitió “ibro, ibro....” Esperó. Empezaba a impacientarse cuando apareció el niño en la escalera que llevaba al piso superior. Se le parecía mucho.  —Disculpe, estaba preparando la cena. Decía usted? —El libro, quisiera comprarlo. —No està en venta, es un ejemplar único. —No lo vendes? No traerás más ejemplares? —No.Te lo regalo. —Y por qué tanto esfuerzo en adecentar la vieja tienda? 
 —Todos pasan por aquí, todos  encuentran esta librería cuando están preparados. —Pero el libro está inacabado! —Por supuesto, es el tuyo. Cada uno tiene el suyo. Tienes un lápiz? Así podrás intentar terminarlo.—
El muchacho hojeó el libro. Empezaba como un diario con la fecha de un día de febrero, trece años atrás. Coincidía ésta con la de su nacimiento.
Parpadeó...







miércoles, 13 de enero de 2021

SORDERA

No escuché nada de lo que me dijo entre susurros. Simplemente le besé con el ansia de la primera vez sabiendo que sería la última. No fue ninguna película: todo me pareció tan real como la niebla en otoño o mi piel enrojecida en verano. La canción se deslizaba deslabazada entre mis piernas. No podía ser: la moqueta granadilla que iba a poner en su salón contrastaría de pena con mis paredes turquesa. El atardecer acechaba tras los incipientes neones de la avenida. Abrazados en plena calle, sólo podía ser una despedida. Pero aquellos susurros... si pudiera parar un momento la música...si se hubiese quedado atrapado para siempre en aquel pueblucho de la marmota...

Pero no. Aquí estaba, conmigo, con aquella cara de tonto picarón que sabía poner cuando quería parecer simpático. En medio de la avenida con los coches rozándonos los zapatos y mojando nuestras ropas.

Os aseguro que no sé lo que dijo. Tal vez el único consuelo sea que usted tampoco lo sabrá. Elucubrarà, supondrà, imaginará...mas no acertará. Sólo él y Sofía lo saben. Brian Ferry tapando las últimas palabras antes de los créditos y usted llorando en la sala a oscuras, dejando escapar un suspiro.

lunes, 14 de diciembre de 2020

ESTADÍSTICA APLICADA

La cimitarra, recién afilada; el revólver, cargado y engrasado; la mezcla de leche, cacao y barbitúricos, a punto. Subió la escalera con la bandeja balanceándose en sus manos. Jefren -conminó Jesusa- me duermo. Espera, querida, toma primero tu leche, verás cómo te relaja-. Tomó el vaso y acercándolo a los labios bebió, con ansia. En seguida cayó en su cotidiano sopor, conocido y aceptado. Jefren bajó los peldaños descalzo para no hacer ruido, introdujo el revólver en un bolsillo de la trenca verdeoliva y entró al salón en pos de la cimitarra dispuesto a terminar aquello y largarse con el dinero y con Eva. Debía acabar rápido si querían tomar el primer vuelo. Empezó a subir al cuarto donde el cuerpo yacía inmóvil mas al llegar al último escalón un pliegue de la alfombra lo hizo trastabillar, braceó entre maldiciones y cayó por encima de la dorada barandilla hincándose la cimitarra en el bajovientre, al tiempo que oía un disparo y sentía reventar su muslo derecho. Intentó agarrarse a la mesa del salón pero sólo consiguió hacer caer el periódico, abierto por la página de curiosidades. "El 99% de los hombres muere antes que su", pudo leer...

jueves, 12 de noviembre de 2020

EL ÚLTIMO ESCALÓN

EL ESCALÓN

...11, 12, 13.

No podía ir peor. Ya al salir de palacio mi voz interior me lo advirtió "René, el último escalón". Me cazaron desprevenido mientras preparaba el lonche de mi prima Antonia, quien a esas horas estaba siendo encotillada por sus damas de compañía para la visita de Mr. Jakobs, enviado por la casa real británica para intentar resolver algunas diferencias en asuntos de aguas territoriales. Nuestro rey siempre delegaba en ella, sabedor de sus dotes de persuasión. Mientras algunos rebeldes me encapuchaban oía sus agudos chillidos “Loui, Loui...” Más atrás, la ronca voz del rey, “Antoinette, Ant...merde”. Bajaron todos como manada de ñus en estampida arrastrándome consigo. “Allez, allez, vite!”A ciegas contaba los escalones mas con el apuro perdí la cuenta y en el último tropecé, rompiéndome la nariz.
Crujía ahora la madera bajo mis pies. Nos quitaron por fin las capuchas. Los reyes cuchicheaban tras de mí en la cola al pie del entarimado. Subí a trompicones, 11 12 13, éste con el pie izquierdo. Nada podía ir bien, toda mi vida intentando terminar escaleras con el derecho...
En el último instante oí el seco silbido de la hoja cercenando  mi cabeza...

miércoles, 10 de junio de 2020

LA SIERRA


Sierra, herramienta cuyos dientes rebanan chapuceramente la carne. La humana es la más difícil. Y Jimmy Sinclair, a sus dieciséis, lo sabía. En sus años de aprendizaje con el viejo destripador aprendió a utilizar la navaja choricera, sin embargo, jamás superó el trance de provocar el tránsito. El maestro siempre le decía que no debía mirar a esas chicas a los ojos. Nunca. Así que él mismo las asesinaba y, ya cadáveres, James las abría y esparcía las tripas por el suelo, por las paredes. Le seducía la sangre que impregnaba las moquetas de los burdeles, viscosa, caliente y pegajosa como queso fundido.
Cuando se lo pudo permitir alquiló el entresuelo de la finca donde tenía su negocio y mandó practicar un acceso directo entre ambos. Se hizo construir un ingenio a pedales con el cual cortar más cómodamente el material que recibía de los contactos que había establecido en su carrera y los que heredó del maestro. Todos los días, cuando a las ocho en punto alza la persiana, la cola de mujeres dobla la esquina. Miss Mary se lleva siempre las entrañas calientes y, cuando las hay, las criadillas. Todas saben que Mr. James vende la carne más fresca de todo el East End…







martes, 19 de mayo de 2020

PRIMOS

PRIMOS

Después de comer mamá nos manda a dormir la siesta. No nos apetece en absoluto así que empezamos a jugar. Tía Mamen nos riñe a través de la puerta entreabierta –Ssstt, que estamos viendo la novela. Siempre igual. Nos tumbamos en la cama mirando al techo desconchado por la humedad que baja de la azotea cuando llueve, serpenteando oscura por las paredes. Soy poco mayor que mi prima y tengo una idea –¿Jugamos a papas y mamas? Nos quitamos la ropa e intentamos hacer lo que hemos oído que hacen los mayores cuando duermen juntos. Que aburrido! -¿Cómo pueden hacerlo? Es imposible. Yo venga estirar la cosita y ella venga intentar abrir la palomita.
–No se puede, digo. Creo que mi hermana nos engaña. Así que nos vestimos y agarramos los revólveres, saltando en la cama y escondiéndonos debajo -Piñao, piñao, estás muerto. Me dejo caer al suelo y el estruendo trae de nuevo a tía Mamen. –Venga, ya está bien. A merendar, que nos vamos a los caballitos. Llega la noche y la oscuridad nos devora con su incertidumbre.
El despertador camina por la mesita a pasitos cortos –¿Ya? ¿Tan pronto?. Mientras preparo café mi prima despierta a los gemelos para llevarlos al cole después de desayunar.

martes, 12 de mayo de 2020

EL CASTILLO



En verano, la nieve caía blanda. El personal de limpieza amanecía drogado los domingos y todos juntos se bañaban desnudos en el río cuando no estaba helado. Salían con los cuerpos amoratados pero completamente depejados. Tan solo dos de ellos escapaban del remojón. Se dedicaban a encender la chimenea y empalar los alces que devorarían para el almuerzo. Bajaban a la bodega donde almacenaban el vodka fabricado el último año. Los días festivos eran así en el castillo de Novosibirsk cuando el conde estaba con el Zar en Stalingrado. Muchos de ellos morían en estas fiestas y entonces eran pasto de sus compañeros en las noches sin luna cuando estaba cerrado.