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sábado, 21 de julio de 2018

BURBUJAS

BURBUJAS

Remė a contracorriente
Buscando unos ojos
Incoloros
Que pintar de verde
Azul avellana o mar
Superfluo atardecer
Inexplicable

Pues

Llevo conmigo el sueño
De un verso en cada beso
De tus dientes 
El cuento inacabado
De cada pulso
En la noche

Vienes a verme 
Desnuda
Sin ansia y con la piel
Caliente
Te muestro la magia
Sin truco
Y se nos lleva una ola
De tenue brisa
Colgándonos del cuello
De las golondrinas

En un espacio único
Que se pierde
Entre tus muslos
Que chorrean sin descanso
Cuando mi lengua
Enjabona el botón
De los temblores
Convulsa taquicardia
Señora de nuestras noches
Nube de polvo 
En los pestillos
Como único testigo 
La burbuja de un beso 
En tus pezones

sábado, 16 de junio de 2018

ISRAEL



La luna esconde su cara amable tras una neblina de gas mostaza. Nos mira y en su sonrisa tergiversa la luz, que se despliega en un arco iris de grises sin velo ni paz. Lloro abrazado a un hombre desconocido, un joven sin edad por haberla consumido toda en un instante. El momento del resplandor nos desenfocó y nuestras miradas se encontraron en medio del miedo. El terror avanzaba después sobre unas botas negras que levantavan nubes de polvo a cada paso. Los hombres gritaban y maldecían, nos maldecían, pegando los fusiles a sus mejillas  y falcándolos en sus hombros prietos de sol i arena. Por la mirilla nos veían, imagino, grandes y cercanos en el blanco y negro de la noche. Muecas en silencio  que tal vez  fueran las últimas de nuestra infancia. Mascullaban palabras de odio mientras jalaban el gatillo y caían con el retroceso. Se incorporaban y la nube roja de sus ojos fijos en mí refulgía en un átomo de maldad. El joven desconocido permanece ahora muy quieto y su abrazo se encoge frío sobre mi espalda. Cierro los ojos y espero. No sé rezar..  Parece mentira cuan rápidamente cae en la hipotermia un cadáver en esta tierra de santos...

Amanece

jueves, 15 de marzo de 2018

DESAMOR


Abre la puerta. Se descalza, zapatos, medias, falda. Se sumerge en la mullida piel del sofà y solloza abrazada al cojín. El alfėizar de la ventana reluce sonriendo a la luna, impertérrito. No hay tiestos ni flores ni enredaderas.  Dentro, sólo el fru-fru de la blusa  y el rastro de la ropa interior camino del baño. Agua caliente disolviendo sudor de mujer sin aliento, acogiendo las lágrimas de la tarde que huyen desagüe abajo arrastrando la esperanza y las últimas  palabras del traidor: “Vete, Justina, vete”.
Poseída por el vaho denso y acogedor se mece a escasos suspiros de la gloria en su  desamor. La despierta un estrépito en los cristales  y sale de la ducha trastabillando. Resbala en el pasillo, se incorpora y corre. En la ventana espera Rafi, revolver en mano, recreándose. “No lo hagas. Me fui, como quisiste”.“Para siempre, Justina. He venido a ayudarte.” Se relame, siente un crujido en la  garganta y un vacío en los ojos, dolor. Se echa hacia atrás y cae, golpeando con el cráneo el grifo de la manguera, al césped. No ha oído el aterrador bufido.
“Bola, bolita mía, ven con mamá”. Justina toma la gata en sus brazos y la siente rornronear sobre sus pechos enjabonados.


domingo, 19 de noviembre de 2017

BARRO

BARRO

   Anselmo huye a grandes zancadas por el empedrado de la calle paralela al canal. La niebla matinal engulle sus pasos.  De repente se tambalea, trastabillea y cae.  Qué inoportuno que  uno de sus zapatos andara flojo en plena huída. Las ventanas se abren y los vecinos asoman sus naricillas. Intenta incorporarse y queda sentado palpándose la herida junto al corazón. Cae punzante la lluvia que diluye la sangre que resbala por su pecho e impregna los pantalones, cada vez más oscuros.

   Ernesto frena a tiempo.  El airbag evita el golpe contra el parabrisas. Sufre el latigazo y se desvanece. Despierta sin recordar. Recoge sus gafas, intactas. Parpadea y descubre la forma sentada en medio de la calle, ocupando todo el ancho.. El hombre le mira desde las alturas, suplicante. Una làgrima, tal vez? Ernesto baja del auto y se acerca desenfundando el arma. Arrecia la lluvia apoderándose de los pies de barro del gigante, disoviéndolos en un charco de dolor, inmenso. El hombre gime, como el trueno que sobre sus cabezas acaba de desatar un huidizo rayo que se pierde más alla de su tristeza.

   Miran ámbos el negro cielo y claman perdón en silencio. Ernesto, por tener que ser él quien acabe con el coloso. Anselmo, por tener el corazón tan grande.

jueves, 8 de junio de 2017

FLUJOMETRIA

FLUJOMETRÍA

El 99 va repleto a esta hora de la tarde y ya no puedo más. Un litro y medio de agua en mi vejiga y calculo que aún tengo una hora hasta la clínica. No aguantaré, de pie y apretujado por abuelas y niños, incandescentes éstos al salir del colegio. Pienso en la relatividad espacio-temporal y en cómo se contrae todo ante la urgencia.
Paso a un cuarto pequeño y la enfermera me ofrece un artilugio para orinar. Un poco rústico el embudo, el vaso, la balanza. Todo demasiado normal. Desenfundo mi flaccidez y empiezo, ojos cerrados. Recuerdo cuando la doctora me tocó después de la vasectomia o cuando las ladillas. Creo que en estos casos el inconsciente inhibe las reaciones.
Pienso en ríos y en arroyos de aguas frías al tiempo que siento mojarse mis rodillas y navega ante mí, a la deriva, el sillón del doctor. Afuera el sol brilla sofocante. Salimos por la ventana, a nado, enfermeras, pacientes y acompañantes. El doctor no está. Los objetos pesados caen sobre el césped amarillento de los jardines mientras mi orina desborda las calles arrastrando vehículos y transeúntes, ahogando  irremisiblemente a todos aquellos que esperan, mohínos, los servicios mínimos del metro.
  

domingo, 14 de mayo de 2017

FELICIDAD

FELICIDAD

   Me estrechan la mano con una sonrisa forzada. Afuera llueve y el repiqueteo del granizo en los vitrales acompaña el ritmo de los pasos de aquellos que han acudido a la catedral. Los de más confianza, sobre todo ellas, me besan en las mejillas y pronuncian las frases de ánimo que guardan para estos casos. 

   Me aprietan las punteras de los zapatos y una cana rebelde se mete en mi ojo derecho que no para de lagrimear. No es por ella, que yace con una sonrisa perenne dentro de la caja, pero la gente piensa que sí y eso me hace quedar bien.  Las lágrimas que eran suyas las agoté la víspera velando a solas el féretro. Las llamas de los velones temblaban  y, en ocasiones, la he visto levantarse y besarme como antes, entregada y salvaje. En esos momentos, sentado en la silla, mi cabeza caía violentamente hacia atrás y despertaba súbitamente al paso fugaz y estremecedor de alguna ambulancia en la madrugada, el pecho llenándoseme de oníricas babas. Hace mucho tiempo que sabíamos que este momento llegaría. Simplemente ayudé un poco a precipitar lo inevitable.

   He tenido mucha suerte. Acabo de terminar el curso de comunicación no verbal y he aprendido a disimular mi felicidad, es como aprender a jugar al escondite…

domingo, 18 de diciembre de 2016

NOWHERE GIRL

NOWHERE GIRL


   Es la primera  vez que llevo una mujer a casa desde la fuga de mi  esposa y solo porque ha sentido ganas de orinar. “Los y las pacientes con migraña prefieren a sus neurólogos o neurólogas rubios o rubias”. Menuda imbecilidad, me digo. Dejo la revista sobre la mesita del salón. Al regreso del baño me dice, siguiendo con sus confidencias, “solo busco que me quieran”. Y en mi  candor le respondo  “yo te quiero”. Y me mira con cara de incredulidad manifestando algo que para ella es una obviedad  “no, cielo, tú no.” Y me pregunto “yo no soy alguien? Porqué no yo?”. Y caigo en la cuenta de que todo lo que parecía  algo no es más que un simulacro para escapar por un corto espacio de tiempo y sin alejarse demasiado de su confortable sinvivir. Y que todo es más superficial de lo que parece. “Eres bajito”. “Ya lo sé y no me importa”. “A mí sí, me retrae tu estatura”.  A ella, que me sobrepasa en dos dedos y quince quilos. Y no me importa que sea gorda y fea si sonríe y achica los ojos cuando me mira. Le acaricio la mejilla volteando su rostro para ver esa mirada una vez más; la beso como creo que le gusta  y  se ahoga; aprieto un poco más y profundizo con la lengua aunque no sea mi  natural  hacerlo así y percibo que se  escapa y coge mi mano. Me detengo  y separo los labios y respira y gira de nuevo la cabeza evitándome con gesto cansino y pienso “adiós” y se va la mariposa posando sus alas en una gota de lluvia que nunca termina de caer..