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jueves, 8 de junio de 2017

FLUJOMETRIA

FLUJOMETRÍA

El 99 va repleto a esta hora de la tarde y ya no puedo más. Un litro y medio de agua en mi vejiga y calculo que aún tengo una hora hasta la clínica. No aguantaré, de pie y apretujado por abuelas y niños, incandescentes éstos al salir del colegio. Pienso en la relatividad espacio-temporal y en cómo se contrae todo ante la urgencia.
Paso a un cuarto pequeño y la enfermera me ofrece un artilugio para orinar. Un poco rústico el embudo, el vaso, la balanza. Todo demasiado normal. Desenfundo mi flaccidez y empiezo, ojos cerrados. Recuerdo cuando la doctora me tocó después de la vasectomia o cuando las ladillas. Creo que en estos casos el inconsciente inhibe las reaciones.
Pienso en ríos y en arroyos de aguas frías al tiempo que siento mojarse mis rodillas y navega ante mí, a la deriva, el sillón del doctor. Afuera el sol brilla sofocante. Salimos por la ventana, a nado, enfermeras, pacientes y acompañantes. El doctor no está. Los objetos pesados caen sobre el césped amarillento de los jardines mientras mi orina desborda las calles arrastrando vehículos y transeúntes, ahogando  irremisiblemente a todos aquellos que esperan, mohínos, los servicios mínimos del metro.
  

domingo, 14 de mayo de 2017

FELICIDAD

FELICIDAD

   Me estrechan la mano con una sonrisa forzada. Afuera llueve y el repiqueteo del granizo en los vitrales acompaña el ritmo de los pasos de aquellos que han acudido a la catedral. Los de más confianza, sobre todo ellas, me besan en las mejillas y pronuncian las frases de ánimo que guardan para estos casos. 

   Me aprietan las punteras de los zapatos y una cana rebelde se mete en mi ojo derecho que no para de lagrimear. No es por ella, que yace con una sonrisa perenne dentro de la caja, pero la gente piensa que sí y eso me hace quedar bien.  Las lágrimas que eran suyas las agoté la víspera velando a solas el féretro. Las llamas de los velones temblaban  y, en ocasiones, la he visto levantarse y besarme como antes, entregada y salvaje. En esos momentos, sentado en la silla, mi cabeza caía violentamente hacia atrás y despertaba súbitamente al paso fugaz y estremecedor de alguna ambulancia en la madrugada, el pecho llenándoseme de oníricas babas. Hace mucho tiempo que sabíamos que este momento llegaría. Simplemente ayudé un poco a precipitar lo inevitable.

   He tenido mucha suerte. Acabo de terminar el curso de comunicación no verbal y he aprendido a disimular mi felicidad, es como aprender a jugar al escondite…

domingo, 18 de diciembre de 2016

NOWHERE GIRL

NOWHERE GIRL


   Es la primera  vez que llevo una mujer a casa desde la fuga de mi  esposa y solo porque ha sentido ganas de orinar. “Los y las pacientes con migraña prefieren a sus neurólogos o neurólogas rubios o rubias”. Menuda imbecilidad, me digo. Dejo la revista sobre la mesita del salón. Al regreso del baño me dice, siguiendo con sus confidencias, “solo busco que me quieran”. Y en mi  candor le respondo  “yo te quiero”. Y me mira con cara de incredulidad manifestando algo que para ella es una obviedad  “no, cielo, tú no.” Y me pregunto “yo no soy alguien? Porqué no yo?”. Y caigo en la cuenta de que todo lo que parecía  algo no es más que un simulacro para escapar por un corto tiempo y sin alejarse demasiado de su confortable sinvivir. Y que todo es más superficial de lo que parece. “Eres bajito”. “Ya lo sé y no me importa”. “A mí sí, me retrae tu estatura”.  A ella, que me sobrepasa en dos dedos y quince quilos. Y no me importa que sea gorda y fea si sonríe y achica los ojos cuando me mira. Le acaricio la mejilla volteando su rostro para ver esa mirada una vez más; la beso como creo que le gusta  y  se ahoga; aprieto un poco más y profundizo con la lengua aunque no sea mi  natural  hacerlo así y percibo que se  escapa y coge mi mano. Me detengo  y separo los labios y respira y gira de nuevo la cabeza evitándome con gesto cansino y pienso “adiós” y se va la mariposa posando sus alas en una gota de lluvia que nunca termina de caer..

domingo, 13 de noviembre de 2016

ÓLIVER

ÓLIVER


Entreabro, despacio, los ojos. El césped huele a lluvia. Salgo al jardín y me desperezo estirando todos mis músculos, que crepitan como ramas en la chimenea. 

Me recuerdo corriendo a esconderme en la leñera cuando mis hermanos mayores  me perseguían después de merendar. Nunca entendí porque siempre la tomaban conmigo. A veces me pisaba los cordones de los zapatos y caía de bruces, recogía mis gafas de culo de vaso llenas de hierba y algún pequeño insecto agonizante adherido. Soplaba sobre los cristales y los limpiaba con el pañuelo de tela que siempre llevaba en el bolsillo, a veces llenos de mocos.

Un año nos regalaron un perro. En Navidad o Reyes, no sé. Mis padres, en paro entonces, aprovecharon que sus amigos granjeros habían tenido una camada para adoptar uno de los cachorros antes de que los enterrasen vivos o los ahogaran en la acequia. Oliver creció babeando mis zapatillas. ¿Por qué sólo las mías? Mis padres tuvieron suerte y nos mudamos a una casa de dos plantas con jardín, valla blanca y videoportero. Un día me quedé sólo. Mis hermanos tenían novias, gemelas también. Mis padres habían salido a cenar con unos chinos que deseaban invertir en la empresa de palomitas de bacalao que habían ideado cuando una palomita salió disparada de la olla yendo a caer en la cazuela del almuerzo del viernes santo. Así pues, estaba sólo. Oliver dormía. Salí al jardín y me acerqué a su casita. Soñaba, a juzgar por las patadas y cabeceos espasmódicos que tiraba. Lo dejé allí y me subí al columpio del jardín, la típica rueda de camión amarrada a la rama de un árbol, el único que teníamos. Cerré los ojos y sentí el balanceo, cada vez màs fuerte, màs alto. Las primeras gotas de lluvia caían frías sobre mi rostro. Abrí la boca y dejé que me inundase la felicidad. De repente, el estrépito. Oliver ladraba enloquecido. No tuve tiempo de verlo llegar. El enorme cuerpo cayó sobre mi y sólo recuerdo las primeras dentelladas. Me vi. Sí, me vi, tragado y siendo deglutido, bajando despacio por aquel  viscoso esófago.

Entreabro, despacio, los ojos. El aroma del césped mojado impregna el jardín.

Soy, ahora, Óliver...

domingo, 12 de junio de 2016

LA CERILLA


Traducción del Microrelato ganador de la IV edición del microconcurso La Microbiblioteca, 2015 , que organiza anualmente la biblioteca Esteve Paluzié de Barbera del Vallés.




LA CERILLA

   Ha salido al alba, para recoger leña. Ha logrado acumular una considerable cantidad de ella. El invierno comienza a hacerse dueño y señor del bosque y no sabe cuanto tiempo podrá resistir. Han pasado diez días desde que encontró la cabaña en medio de la nada. Los bandidos les habían asaltado cuando viajaban hacia el norte en aquella desvencijada diligencia. Asesinaron a su esposa y al conductor. Se salvó porque había ido a hacer aguas, menores, fuera del camino cuando aquellos tres aparecieron.

   A resguardo, apila la leña disponiéndose a encender un fuego pero, cómo? No tiene manera de hacer fuego. Revuelve cajones arriba y abajo y nada. De repente, el milagro. Una cerilla, en el alféizar de la única ventana. La toma, con cuidado de no quebrarla. Los dedos se le estan poniendo morados y, si sobrevive, habrá que amputarle alguno. La alegría deviene desesperación. Cómo encenderà esa cerilla?
La frota por las paredes, por el suelo, por la mesa. Nada. Lo intenta y lo vuelve a intentar, hasta que la cabeza de fósforo se desmenuza.

   El joven enciende un cigarrillo. El encendedor nuevo, regalo de su chica, es precioso. Se reúne con su padre en la cabaña. Una antigua caja de cerillas reposa en un banco de piedra al lado de la puerta. Mientras los forenses retiran el esqueleto, los dos hombres fuman.

   Celestí Casòliva Morales

    Sallent, Barcelona.

domingo, 5 de junio de 2016

ESTRUJAR TUS PECHOS

No deseo recoger
Las migajas
Ni limpiar la sangre
Del suelo
Tan solo encontrarte
Durmiendo en mis brazos
Si un día despierto.

Acariciarte el alma,
Hacerte mía con un suspiro
Al oído,
Que no te vayas.
Estrujar tus pechos
Y besarte sin tregua
Los labios.

A ti, simplemente,
Que puedo abrazarte
Sin miedo a romperte
Que me estremeces
Con un roce de tu boca
En el cuello y la boca 
En la garganta
Cuando sonríes
Con esos ojos
Invitándome

EN UNA HOJA QUE CAE

Dormir
Siempre remendar
Las heridas
A tu lado.
Caer de muerte
Adormecido
Sin más palabras
Ahorradas.
Ofrecerte
Todas las caricias
A la sombra de la luna

Llegará la añoranza
En una hoja que cae
En un copo perdido
En pleno verano
Vendrá la añoranza 
Y yo no estaré
Para abrazarte
Me llevará la añoranza
Si no me quieres
Contigo..