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sábado, 7 de marzo de 2015

DELIRAR

Solidificarme
Después de permanecer 
Fundido
En un pliego de tu cuerpo.
De ser una chispa de cielo
En el punto más caliente
De las piernas abiertas
De la fiebre.

Delirar 
Con tu nombre en la frente 

Sin saber cuantas horas, 
Cuántas rendijas abrirás
Sin herirme. 
Averiguar la certeza 
Del dolor de mis ojos
En cada instante de oscuridad.
Tamizar tu mirar lloroso,
Dudar sin miedo ni añoranza
Hasta ver claro el atasco
Y perdernos perezosos

sábado, 14 de febrero de 2015

ALBA

ALBA

Alba corría desnuda por el pequeño descampado buscando desesperadamente la protección de los árboles. Había visto el resplandor de aquellos ojos sobre su cuerpo. También, el centelleo de los fusiles en la oscuridad de la madrugada. Sin tiempo para vestirse, se levantó de un salto y huyó por una salida trasera en dirección a la selva, a unos cincuenta metros. Siempre dejaba abierta esa escapatoria. Sabía muy bien lo que querían, aquellos hombres, y no era su cuerpo, que también, sino su alma, su vida. No le daban miedo los hombres de las cimitarras, aquellos que tan pronto eran capaces de abrirse camino en medio de la más tupida vegetación como de descapitarte de un solo corte. Temía infinitamente más a aquellos que llegaban tras ellos con  las sierras mecánicas y los tractores, enormes. Detrás de ellos -como de Atila y su caballo, Othar- no volvía a crecer la hierba. Alcanzó por fin el árbol marcado con una➰ que sólo ella sabía encontrar, asió la liana que tanto conocía y trepó con una gran agilidad, fruto de la práctica. En lo alto, entre dos ramas anchas y resistentes se había construido, poco a poco, un refugio -una especie de nido hecho de ramas y lianas entretejidas. Le era muy útil cuando aparecían aquellos individuos. Siempre tenía, por si acaso, unos cuantos cocos y agua dentro de un cántaro de barro que mantenía refrigerado cubriéndolo de hojas en los lugares donde nunca llegaba la luz solar. Nunca sabía cuánto tiempo, horas o incluso días debería permanecer allí escondida. Felizmente sólo tenía que alargar las manos para tomar los frutos y bayas comestibles que le permitirían no morir de hambre.

   Alba había estudiado farmacia y había obtenido muy buenas notas. Pero conoció los malos tiempos para los licenciados. Los farmacéuticos apenas tenían para sobrevivir, cansados ​​de financiar unos costes que correspondían a las administraciones públicas y que nunca acababan de cobrar. En estas condiciones, muchos de ellos no podían permitirse contratar empleados.

 Por otra parte, ya casi no le quedaban ahorros. Pronto no podría pagar su parte del piso que compartía con otros dos estudiantes y con sus padres ya no podía contar, apenas tenían ellos para ir sobreviviendo. Ramón, el muchacho con quien salía, le había puesto cuernos porque no quería mantener relaciones sin condón y ella -sola, cansada y asqueada- veía pasar su juventud como una pesadilla intranscendente.

   El día que tropezó con aquel anuncio no lo dudó. Una ONG que luchaba y denunciaba la tala y deforestación de la selva amazónica por parte de las multinacionales de la madera y la búsqueda indiscriminada y cruel de nuevos yacimientos petrolíferos. Envió el cuestionario y un mes más tarde cogía un vuelo con destino Brasil. 

   Todo marchaba de fábula los primeros años. Se enrolló con un chico de su edad, un francés que susurraba las sssss como nadie y eran muy felices. Se peleaban con los sicarios nativos (cobardes, supersticiosos y fácilmente sobornables) de las empresas extranjeras y los hacían huir. Después reían y se hacían el amor rodeados de mosquitos. Y nada más les importaba. 

   Un día llegaron unos enormes camiones devastando todo a su paso. Los gigantes, vestidos de camuflaje, Vaciaron sus ametralladoras arriba y abajo, a derecha e izquierda. Nadie en el campamento sobrevivió salvo Alba que pudo trepar al árbol mágico que la cobijaba en sus encuentros amorosos con el francés.  Permaneció escondida tres días sin agua ni comida. Fue entonces cuando pensó en hacer el cántaro y tener siempre una cantidad respetable de cocos a mano.

   Todo esto pensaba en su escondite, ahora. Esta vez la habían visto huir y la persiguieron ferozmente. Los veía debajo del árbol con los perros olfateando unas bragas. Parecían despistados. Esta vez, sin embargo, llevaban un arma más efectiva. Un gorila albino adiestrado en olores de fluidos y flujos menstruales.

   Los perros no sabían subir a los árboles. El gorila, sí. 

   Y la juventud de Alba, cerca ya de los treinta años, se fundió en los alaridos de las almas de los papagayos y en el tenue espejismo de la luz del sol penetrando la hojarasca...

domingo, 25 de mayo de 2014

TODAS LAS NUBES

TODAS LAS NUBES

   Todas las nubes serán cartón mojado entre los dedos de los pies, blandos y suaves caminos que se encuentran en las tinieblas, cuando entre sueños te levantes camino del baño a media noche. Todas las tormentas abollarán tu cerebro mientras te limpias mi rastro y piensas en las dinámicas de ensayo y error, de acierto y error, de acierto y placer conocido, error y orgasmo nuevo sin freno.

   El olor que me sobreviva te acompañará como un recuerdo de lo que un día proyectamos, como sombras chinescas en la pared del atroz desengaño absoluto. 

   Nunca más te sacaré de mi vientre cuando piense en ti. Siempre tendré una gota tuya en el fondo del ombligo, donde no pueda llegar. Por mucho que frote y restriegue; por mucho que con el meñique intente hacerte salir. No podré conseguirlo. Huirás piel adentro atravesando sus paredes hasta entrar en el río de la sangre y, acompañada de glóbulos rojos, leucocitos persiguiéndote y plaquetas sorprendidas tratando de taponar la herida, llegarás al córtex cerebral, donde pedirás permiso y entrarás hasta convertirte en neurona en conexión permanente en el último rincón de aquello que de mi encéfalo de sietemesino inacabado permanezca con vida.

   Y así pensaré siempre en ti. Cuando lo desee y cuando no. Cuando me levante y me ponga los calzoncillos nuevos dedicados a ti; cuando me calce las pantuflas; cuando haga un pis liberador sentado en la taza; cuando me cepille los dientes; cuando me lave la cara y me frote los ojos llenos de legañas; cuando me saque los mocos de la noche y me atragante con mis gárgaras. Cuando me ponga esa camisa que me regalaste y no me gustaba; cuando aquel pantalón descosido arrastre por el suelo porque se me cae y no tengo cinturón; cuando el desbarajuste de mi caminar desmadrado confunda las almas en pena de las mañanas nubladas; cuando el autobús que siempre llega tarde salpique de barro mis piernas al pasar por nuestro charco; cuando entre en la red y no te vea; cuando llegue a la fábrica y empiece a doble-pensar; cuando a la hora de comer se me vaya un bocado por el otro lado y piense "se acabó" entre toses y bocanadas de aire; cuando vuelva a doble-pensar; cuando me cambie la ropa sucia al terminar; cuando, volviendo a casa, el borrador de un poema se encalle en la nube que todo lo ve; cuando te encuentre en la yema de un huevo proyecto de tortilla de ajos; cuando te mezcles en mi bebida y me emborraches de miel; cuando en la ducha azucesmis pensamientos y desee tenerte; cuando juegue a apalabrados y al candy mientras veo Modern Family y tuiteo chorradas a contraluz; cuando me abrace a la almohada esperando que vuelvas; cuando ...

   Todas las nubes serán cartón mojado entre las uñas de los dedos de los pies, blandos y suaves caminos que se encuentran en las tinieblas ...


                                                         FIN

domingo, 18 de mayo de 2014

SABES, AMOR?


   
SABES,  AMOR?

   Sabes, amor, que esta anarquía tuya, de lúbricos movimientos y huesos desencajados me tiene ahora la mirada bizca y el cerebro vencido...?
   Sabes, amor, que cuando permaneces inmóvil completamente a horcajadas, haces que baile debajo de ti mientras con las mejillas me rozas los labios y con tus dientes me pellizcas el cuello aniquilándome los pulmones?
   Sabes, amor, que me desangro gota a gota cuando pienso que el horizonte se te comerá cruda un día? Que permaneceré hambriento mientras tus pechos me pongan los dientes largos eternamente ? Que no te comeré más la dorada entrepierna cuando se te derrame ? Que te miraré de reojo cuando te vayas y dejes la puerta cerrada ...?

   Soy consciente de que esto acontecerá. Incluso soy consciente hoy, que todavía no sé quién eres. Que todavía no sé cómo bailas. Hoy, que aún tus cabellos no me han hecho cosquillas en la nariz ni tus pechos han rozado los míos  en silencio, cabalgando al trote ... Hoy, que no te quiero sueño, ni magia, ni deseo ... hoy, que te quiero real, corpórea, atragantándome de verdad ...

   Lo sé. Y aún así, la esperanza me remueve las tripas y te busco cada segundo en la nada. 

   Un día tendré la muestra salvaje de uno de tus átomos más encantadores y lo plantaré hondo en una maceta y lo regaré día tras día con lágrimas de azúcar, abonándolo con vino de añoranza hasta que crezcan flores de terciopelo. Entonces, cuando llegue la hora, lo arrancaré con todas sus raíces y lo pondré en mi cama pensando que eres tú. Y te veré cerrar los ojos en cómplice sonrisa. Te veré abrazarme y hundirme dentro de ti en laberintos de lumínicos chasquidos. Y callaremos. Y oiremos respirar el silencio en nuestras juguetonas bocas. Y todos los latidos serán dobles en la inmensidad de las sábanas caídas, de los pies entrelazados y la vacía transpiración de los minutos ...

   Y cuando despierte me daré cuenta de la mentira de tu cuerpo en mitad del río. De la estéril imaginación de mis noches, despertándome entre confusos episodios de éxtasis mental, de frenesí solidario con tus vaivenes imaginados ...

   Pero todo terminó, a pesar de los comunes deseos, en un vacío espeso de alquitrán humeante, como un café que se enfría entre silencios de luna nueva, en un enero eternamente frío, eternamente oscuro. Los pasos amarillentos sobre la nieve que se amontonaba en las calles sin limpiar recogían las huellas de los amantes, fugitivos absurdos de bragas todavía húmedas.  Los rumores abombaban las paredes siempre blancas, siempre vírgenes. Las botas en las manos, huías saltando sobre la prisa que te perseguía. La multitud, enfurecida por el desbarajuste de tus mitocondrias, esperaba a la entrada de la estación para no dejarte escapar. Cargándote sobre mí, nos alejamos ...

   En el desierto de la despedida, un último y frío beso nos heló las lágrimas. Y nunca más nadie nos fue igual ...


                                                  FIN DEL EPISODIO

martes, 31 de diciembre de 2013

VIENTOS

Vientos de estopa boba 
Revientan la intemperie 
Sanguinolenta
De las vértebras oscuras
Sin avisar siquiera
Alevosamente ajadas
Sin medida

sábado, 9 de noviembre de 2013

LA VIDA GOLOSA


   La vida se nos come, golosa, en cada paso adelante, en cada paso atrás, en cada persona que nos presenta y en cada una de las que se van, de las que se lleva. Y es cuando ya no nos caben más recuerdos cuando empezamos a recordar los más antiguos. Cuando de un salto volvemos a ser jóvenes, a volvernos de nuevo niños. Esta vez para siempre.

   Es entonces cuando empezamos a fundirnos en negro, a través de una nube mullida que intenta rodearnos poco a poco, con alevosía y sin aviso, a traición, el día que volvemos a entrar en casa pensando que nos hemos olvidado las llaves y vemos que las llevamos en las manos, que incluso las habíamos usado para cerrar la puerta al salir, minutos antes, y volver a entrar para encontrarlas, hace un momento. "Tonterías", pensamos entonces. Tenemos tantas cosas en la cabeza! 
   
   Y pasa el tiempo. Y no nos damos cuenta ni volvemos a pensar en ello. Hasta que un día salimos de casa, entramos en el ascensor, bajamos, abrimos la puerta de la calle, salimos y, "Joder, el gas!". Y volvemos a abrir la puerta de la calle, entramos de nuevo, corremos hasta el ascensor con el ansia en los pies y en ese momento lo vemos cerrarse sin haber llegado. Como no podía ser de otra manera, alguien lo ha llamado desde el ático ... Temblamos de angustia entonces y maldecimos nuestra mala suerte. Cuando finalmente llega el ascensor nos introducimos en él con unas prisas desaforadas. El trayecto se hace largo y tableteamos con los pies en el suelo, nerviosos. Llegamos al cuarto piso. No sabemos donde tenemos las llaves. Ahh, sí!, en el bolsillo, calla, no, en el otro, nooo,  en la cartera!! Abrimos, nos deslizamos hasta la cocina y comprobamos, aliviados, que el gas está apagado y con la llave de paso cerrada. Con todo esto hemos perdido diez minutos ... Ahora vamos a perder el bus, no llegaremos a tiempo de coger el tren, tendremos que tomar el siguiente media hora después, llegaremos tarde al trabajo, el jefe nos pegará la bronca, si esto se repite me echan, no tendré trabajo, tendré que dejar el piso, moriré en la calle ...

   Continuamos pasando los días, meses tal vez, y la rutina se sucede sin más sobresaltos. De vez en cuando pensamos en aquellas lagunas que tanto nos habían preocupado y no les damos importancia.

   A veces pienso que llevamos de fábrica, implantada en el cráneo (unos en el frontal, otros en un parietal o incluso en el occipital), a modo de los chips que llevan, o han de llevar, los animales de compañía, una microjeringuilla que nos va  inoculando poco a poco pequeñas dosis del virus del olvido. Que con cada dolor de cabeza, físico o mental, que sufrimos se activan una serie de mecanismos que hunden un poquito más adentro su émbolo, inyectando pequeñas cantidades de estos microorganismos con cada problema, ansiedad, miedo, trastorno , etc. 
   
    Llega el día en que de verdad has dejado el gas abierto, o el agua, o incluso las hornillas de los fogones de la cocina... suerte que estabas en casa y la cosa no ha pasado de una sartén chamuscada. Te has dado cuenta por el olor a chamusquina pero imaginas qué hubiera podido pasar si hubieras salido ... No quieres ir al médico. Piensas que esto que te pasa es de gente mayor y tú te sientes demasiado joven para ser viejo.Te da vergüenza explicarlo.

   Pero la nube se va haciendo día a día más espesa y más oscura. Tienes amigos de los que a menudo olvidas los nombres. Incluso no recuerdas los nombres de algunos familiares, lejanos o no tanto tal vez. Algunas de las gentes que te rodean te dan la espalda y los ves llevarse el índice a la sien, "se le va la olla", los oyes mascullar en alguna ocasión...

      Ayer se te cayó el tenedor mientras comías y no supiste recogerlo. Te miraba y te veía asirlo de manera diferente a como te he visto hacerlo todos estos años. Ya no lo coges como si fuera un lápiz. Ahora lo haces de la misma manera como cogías, años atrás, el sacudidor de esparto trenzado que utilizabas para las alfombras o los colchones. (Acabo de recordar la expresión que usabas para regañarnos cuando cometíamos alguna travesura: "Ven aquí que te voy a sacudir" o "Venid acá ahora mismo si no quereis que os sacuda"). Creo que ya siempre cogerás así los cubiertos, como temiendo que se te vuelvan a caer, como sin querer soltarlos nunca más, no fuera que la próxima vez no los sepas sujetar entre los dedos temblorosos. Sé que tienes miedo. Que no quieres pensar que un día quizá tengamos que darte de comer en la boca...

     Sé que tarde o temprano, si llego a hacerme viejo, no podré controlar los esfínteres y lo ensuciaré todo; que tal vez no me responderán los miembros y no sabré caminar, que me será imposible comer y beber solo ...Sé también que no querré ser una carga para nadie ...

      Sé que mi cuerpo oxidado permanecerá tendido en una cama y no volveré a levantarme, tampoco, por mis propios medios. Sé que mis pensamientos ya estarán lejos. Que me hablarás a los ojos apagados, sin aquellas pupilas relucientes que conocías. Sé también, por fin, que se me perderá la mirada más allá de tus palabras y no me hará falta nada más que esperar pasar la niebla y disolverme en ella gota a gota ...


                                                                  FIN

    

viernes, 1 de noviembre de 2013

ESCUDOS DE PORCELANA

ESCUDOS DE PORCELANA

Nimios escudos de porcelana
Abandonan las neuronas
Dejando entrar amores ciegos
A cucharadas.
Piensas que no, 
Que nunca más 
Se abriran tus ojos
Mientras ames loca,
Mientras creas que es
El último estornudo del virus,
Hinchado en soledad hasta hoy
Que sin defensas acoges
Encantada el amor...
Mantente entonces despierta
Mientras te das toda entera
Coloca almohadas de plumas
Bajo las nalgas abiertas
Y llénate hasta arriba
De frenética locura...



DESVANEZCO 

Lejos, desvanezco el cebo
Borrándote la mirada
Desclavándote el anzuelo oxidado
De los llorosos ojos
Que ya no me quieren,
Que ya no me miran...



HURGO

Hurgo las notas etéreas
De la canción más húmeda
Escucho cómo permaneces 
En atronador silencio
Murmurándote al oído
Palabras desmadejadas
Caricias sin un vestido



HE VISTO UN ALMA

He visto un alma en pena
Perdida en el mismo lugar.
En aquel cuerpo prendida
Donde se extravió la mía.
Aquell de las oxidadas bisagras
Que no dejaran que escape
El de las llaves perdidas
El del mosto que embriaga
Aquel que come y descuelga
Las semillas del rencor.